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¿El mundo corporativo te tiene atrapado?

Tener la intención de cambiar de vida no es lo mismo que haberlo decidido. ¿Cuáles son los mecanismos que no te dejan dar el salto?

Hace unos días me reuní por primera vez con una cliente que quiere una carrera independiente. "Me cuesta pensar en cambiar porque no tengo ninguna seguridad de que me va a ir bien", me dijo. “Leí tu eBook sobre encontrar la idea de negocios y estuve hablando con algunos clientes potenciales, pero nadie me llamó todavía”.

“Ya te van a llamar cuando estés lista”, le respondí. Estoy muy segura. Porque lo único que le está faltando a mi cliente es la decisión real de querer cambiar.

Sucede que frente a la opción de quedarse en una carrera construida en una organización durante más de dos décadas, o dar un salto hacia lo desconocido aunque represente una vida mejor, es muy probable que la primera opción sea la que gane. Mi cliente todavía no está en “modo autónomo”. Eso es evidente para mí sólo con conversar con ella.

Si se queda donde está:

  • Significa sobrevivir con escasas chispas de pasión,
  • Representa otra década donde el trabajo se sentirá sólo como una tarea,
  • No cambiará la realidad de que por más que tiene un alto cargo, su influencia a nivel organizacional y toma de decisiones está limitada al título de su posición, y
  • No modificará una cultura donde el cambio es inevitable pero a menudo indeseable, y por lo tanto el miedo termina siendo el maestro que rige todas las decisiones.


Motivos razonables para quedarse

Pero entonces, ¿por qué una ejecutiva experta e inteligente querría permanecer en esta posición? ¿Por qué está dispuesta a despertarse cada mañana aceptando que cada trimestre se va a desarrollar con meticulosa precisión, cada uno más o menos igual al anterior, excepto que suceda algo inesperado?

Hay razones obvias, y muchas de ellas suelen estar relacionadas con dos estados de ánimo:

  1. Miedo: ¿Qué va a pensar la gente si me voy? ¿Cómo quedarán mis finanzas? ¿Y si gano menos? ¿Qué pasa si me rechazan? ¿No será que estoy demasiado viejo? ¿Cómo voy a conseguir clientes? Posiblemente, alguna o varias de esas preguntas te resulten familiares. El miedo también se puede relacionar con la pérdida de poder, el status, el título. A un nivel aún más profundo, con dejar de ser quien sos, perder tu identidad si perdés tu cargo. A veces el miedo es que no haya otros trabajos tan buenos como el de ahora, o que el mercado sea demasiado volátil, o que la economía del país no ayude.
    Desde este estado emocional, ves el mundo como una amenaza, y cualquier impulso en vez de hacerte avanzar, te termina paralizando.
  2. Apatía: Este estado de ánimo es más peligroso de los dos, desde mi punto de vista. Podríamos definirlo como indiferencia hacia lo que estás experimentando. Un entumecimiento de la realidad. Frialdad en lo profundo, ahí donde alguna vez había fuego. Una proyección hacia algo que sucede fuera tuyo, que lo ves como externo, como reflejado en la pantalla de un cine. La vida pasa frente a vos, no sos protagonista.

Estos estados de ánimo tienen el poder de mantener atrapado a cualquier ejecutivo inteligente y emprendedor en una rutina y en un trabajo que ya no disfruta.

Pero hay luz al final del camino. Por mi experiencia, sé que la mayoría de los líderes tienen la inteligencia emocional para moverse a través de estos estados de ánimo y verlos por lo que son. Sin embargo, se quedan atrapados en la carrera profesional, atraídos como el metal a un imán, atrincherados hasta los dientes en sus oficinas corporativas.

¿Por qué pasa esto?

Porque no podés dar un salto al vacío sin saber cuál es tu meta en tu vida y con tu carrera. No podés arriesgarte sin un objetivo. Tenés que tener un destino, un norte hacia donde ir.

Analizá estas dos ecuaciones emocionales:

  • Seguridad = Mantenerse + familiaridad
  • Riesgo = Dejar + desconocido


Para la mente lógica, permanecer es menos doloroso. No obstante, las consecuencias de quedarse en el mismo lugar pueden resultar muy frustrantes, y la frustración a su vez alimenta el ciclo del miedo y la apatía que finalmente generan dolor, porque en el lugar actual:

  • Hacer más no significa crecer.
  • Tener chispa no significa impulsarse.
  • Desear algo no significa innovar.
  • Tener un propósito no significa cumplirlo.
  • Asumir un compromiso nuevo no es concretarlo.

 

¿Qué podés hacer para superar esto?

Empezá por soñar la vida que de verdad querés.

Los sueños por sí solos no son suficientes. Convertir sueños en acción requiere planificación.

Planificar te ayudará a crear una estructura alrededor de tus sueños. Además, y lo más importante posiblemente, tener un plan permite que tu mente se relaje para que puedas comenzar a dar el salto desde el punto de vista intelectual. Después te vas a atrever a materializarlo.

Al final, el miedo y la apatía no son lo que realmente te tienen inmovilizado, sino la falta de pasión en la visión que tenés para vos y tu vida.

La clave para los líderes atrapados en una carrera profesional es aprender a cultivar una mentalidad empresaria ágil. Para soñar en grande, aunque no necesariamente todo se concrete a la velocidad que esperamos.

Significa ser lo suficientemente valiente para arriesgarse a trabajar con la segunda ecuación, la más jugada, la de dejar atrás lo conocido. Tener claro que el costo de no hacer nada es tu libertad, con una rutina que te mantiene atado en el día a día a un contexto que ya no es el tuyo.

Al final de cuentas entonces, sólo se trata de soñar en grande.

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